martes, 8 de noviembre de 2011

El principio del fin, por Salma Wael (*)


Estoy en la cama hablando conmigo misma: ¡oh, qué cansadísima estoy! Tengo que descansar después de este día. pero ¡woooow! fue como un sueño...

¡Qué autobús tan lento! Tengo que llegar a casa de Mariam rápidamente pero este autobús casi no se mueve. ¡Uf! no sé qué esté pasando y quiero saberlo. Hay un señor que esta a mi lado leyendo el periódico. Voy a preguntarle.
Yo: Perdone, señor, ¿puede decirme qué está pasando ahora?
El señor me mira de reojo:  ¡no sé, señorita, no soy adivino!
Yo me digo: ¡Qué graciosillo! y luego bajo del autobús porque creo que voy a llegar mañana, pero también lo que esté pasando me pica la curiosidad. Bajé en una calle muy grande, pero no sé su nombre, y está llena con mucha gente, así que no puedo saber nada.
¿Qué está pasando, por Dios? De repente llegó la Policía y detuvo a muchos jóvenes. Hay gente que está gritando a la Policía "¿por qué nos prohíben nuestros derechos?", pero la Policía no escucha a nadie, solo dispara y detiene a la gente. ¡Qué enfadadísima estoy! Entonces pregunté a un policía vehementemente “¿por qué hace esto, no es nuestra culpa?". El policía me dio un porrazo y entonces yo me desmayé.
¡Oooh, me duele muchísimo la cabeza!, pero…, ¿dónde estoy? Ahora estoy en una habitación muy oscura, tumbada, y no me acuerdo nada de lo que me pasó. Pero ¡menos mal!, no estoy sola…, hay otra chica en la misma habitación.
¿Dónde estamos? ¿Y por qué estamos aquí?, digo en voz alta.
La chica dice sorprendida: ¿No sabes por qué estamos aquí?
Yo digo con mucho miedo: No, no sé.
La chica dice (fríamente): Cálmate, no te preocupes… Estamos en la Seguridad del Estado.
Yo: ¡Queeé! ¿Por qué?, contéstame rápidamente.
La chica: ¡Cómo! ¿No sabes? Hoy es el comienzo de la Libertad: nos manifestamos para derribar el régimen corrupto del Gobierno.
Yo: por fin entendí qué estaba pasando. Perdóname, me olvide preguntarte cómo te llamas.
La chica: No pasa nada, chiquita. Me llamo Lara ¿y tú?
Yo: Soy Salma. ¿Ahora qué vamos a hacer?
Lara: Nada, solo tenemos que esperar.


Toda la noche la revolucionaria me habla sobre cómo podemos derribar al dictador y me hace pensar y pensar en cómo cambiaremos el futuro de nuestro Egipto, aunque no me interesa nada la política. Por la mañana nos pondrán en libertad; en solo una noche me cambió la forma de pensar.
Lara y yo vamos al Tahrir, oh, por cierto, no sabía que esta gran calle fuese el Tahrir ¡qué despistada soy! Luego nos unimos a los manifestantes pero no quiero dar los mismos gritos que ellos y Lara me dice: dilos, dilos con nosotros.
Yo: No quiero chiquita, no me obligues. La policía nos sigue tratando estúpidamente, como siempre, y de repente empieza a dispararnos. Entonces digo a Lara: ¡vámonos rápidamente! y Lara me dice: —Estaré aquí hasta la muerte.
Yo: Por favor, Lara, créeme, volveremos lo antes posible.
La Policía dispara a Lara y cuando me doy cuenta su sangre está fluyendo entre mis manos. Su asesinato repentino me hace gritar y mis ojos se llenan de lágrimas. "El pueblo quiere derribar al régimen", lo que ha llevado a Lara a insultar al Gobierno y la Policía.
Aunque estamos ya en plena noche, los disparos no se detienen. Pero, de repente, empiezan a disminuir los disparos. ¿Qué? La Policía se retira. ¡Oh, qué irresponsables! Todo el mundo está corriendo en la plaza: ¡los ladrones escapan de los cárceles! ¿Qué está pasando, por Dios?

Por cierto, ahora no tengo móvil y no puedo llamar a nadie. Entonces decidí ir a casa de Mariam, esa es la única solución. Voy corriendo por la calle y tengo mucho miedo pero ¡menos mal!, llegué sana y salva. Pero en cuanto Mariam me abre la puerta, yo desfallezco. Pero Mariam me reanimó y me trajo un vaso de agua.
Yo: Gracias, amiguita.
Mariam: oh, mujer, ¿qué te pasó? Yo estaba esperándote. Y le conté y expliqué todo lo que me pasó.
Yo: Ahora voy a dormir, pero mañana seguiré mi camino a la libertad.
Mariam: Lo juro, ¡estás loca!, ¿no tienes miedo?
Yo: Noooo, la sangre de Lara y todos los mártires no será en vano. Y ahora enciende la tele, que quiero saber las noticias.
Mariam: Vale, revolucionarita, jejejeje... ¡Oh, Salma el dictador está hablando!
Yo: Cállate, no me dejas escucharlo...
¡Uf! qué rabia! Ese hombre no tiene ninguna idea sobre lo que está pasando o qué.  Solo quiere cambiar el gobierno, ¡qué tontería!
Nos quedaremos en este caso unos días más soñando con nuestra libertad. El dictador está diciendo sus discursos tontos y, como consecuencia, la situación está empeorando en el Tahrir y en todas las partes de Egipto. Más que eso, él trata de suplicarnos. Pero ¡qué tonto es!
—Ooh, por fin, Mariam ¿quieres ir al Tahrir? ¡Qué alegría!, le digo a Mariam.
Mariam: Sí , cambie de opinión después de sus discursos estúpidos. De verdad, ¡qué tontísima era!
Yo: Jajaja, vale, vamos, amiguita, es que nuestra libertad; está llamándonos…



Así pasan los días en el Tahrir, no perdemos la esperanza. Mariam y yo conocemos a unos revolucionarios muy amables. Cantamos, comemos, etc. juntos y todo eso para aguantar mejor la situación y además hacemos la limpieza después de cada manifestación. De verdad quiero a estos revolucionarios. Hay uno que se llama Mohamed y otra que se llama Cristin. Estamos esperando el momento del renacimiento, porque imagino un nuevo Egipto después de estos malos momentos, un Egipto mejor para nuestros niños, que puedan vivir en la libertad por la que hemos luchado.
Cuando los revolucionarios y yo estamos cantando como siempre, de repente uno de los jóvenes del Tahrir dice en voz alta: Gente, escuchadme, por favor, el dictador va a decir un discurso ahora mismo.
Yo digo: ¡Hombre, qué va a decir! No creo que vaya a ser algo nuevo.
El joven: Creo que tendrás que tener esperanza.
Yo: Vale, vamos a ver.
Reina el silencio en este gran lugar, escuchamos con impaciencia al dictador. ¡Noo! ¿Qué es esto? No es el dictador, es Omar Suleiman, el vice dictador. Mariam me dice: Cállate, quiero escucharlo.
...................................



 ¡Oleeee, por fin se anuncian las palabras que queremos oír! No me lo puedo creer! Estoy llorando de alegría gritando "el dictador dejó el poder" y abrazo a toda la gente. Todo el mundo no cree nada de lo que pasa, pero está celebrando nuestro Egipto nuevo.

Por fin, el dictador dejó el poder y terminó con su renuncia el peor periodo de la historia política en Egipto. Finalmente se bajó el telón de 30 años de fraude político que corrompió nuestra vida, y nos hizo odiar las elecciones, la votación y los resultados falsos.
Siempre soñábamos con una vida nueva sin el dictador y sus ayudantes. Este sueño sedujo a millones de egipcios en cada parte de Egipto, soñaban que este fantasma espantoso saldría de nuestra vida para siempre.
Estas malas caras que nos gobernaban, hicieron el Nilo muy amargo y cambiaron los jardines verdes por otros negros. La gente se transformó en otra, más feroz y derrotista. Estos tiranos cambiaron todas las cosas bellas en nuestro querido Egipto.

Levántate, vaga, son las once y media, dijo mi madre.
Yo a mi misma mirando a mama extrañamente: ¿qué es esto? !Estaba soñando o que!
¡Queeeé, son las once y media! Tardaré mucho…, tengo que ir a casa de Mariam.
Mama: Nooo, no puedes, ¿no sabes qué está pasando fuera o qué?
Yo: No, no sé.
Mama: Hay una manifestación en la plaza del Tahrir y, como sabes, la casa de Mariam está cerca de allí.
Yo: en cualquier caso, tengo que ir.
Tengo que lograr el sueño, me digo a mi misma.
Mama: vale, loquita, ¡haz lo que quieras!
Yo: pero dime, mamá, ¿cuál es la fecha de hoy?
Mama: es el 25 de enero.

Y ese fue el principio del fin...

(*) Salma Wael es estudiante del Departamento de Español de la Universidad de El Cairo.


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